Es raro y duele que no haya fútbol. No nos cae simpática la decisión del Gobierno. Pero es lógica y entendible. El aumento de casos en toda la provincia, las muertes que van en crecimiento avalan la política gubernamental. Nada que objetar.

Ojalá esta nueva restricción que intenta por todos los medios aplacar los efectos de esta tragedia sanitaria, nos haga reflexionar. Porque a nadie le gusta estar en casa tanto tiempo y que te impidan hacer lo que te gusta. A nadie. Sin embargo esperamos todo del Gobierno y pocos son los que aportan de verdad al cuidado que se viene solicitando desde hace mas de un año. Con respecto al fútbol es mas o menos lo mismo. Si nos dicen 100 tratamos que sean 150 y sin nos abren para que entren 150 seguro que inventamos alguna artimaña para meter 200. ¿Cuál es el porcentaje de barbijos en un partido por parte de los hinchas? 10 %, 20 %?

Se entiende la necesidad de recaudar de los clubes, es innegable pero ante esta situación, quizás sea preferible bajar las pretensiones y acatar. El fútbol no se paró porque sea el responsable. Todos somos parte de una misma sociedad que no respeta nada ni a nadie, no importa la envestidura ni los pergaminos que tenga. Y la consecuencia es que otra vez hay restricciones que nos impiden hacer una vida mas o menos normal. Tampoco es culpa de los gobernantes (Hacen lo que pueden) que llegaron al extremo de tener que controlar hasta la circulación de autos para ver si puede bajar los contactos de alguna bendita forma.

Es una tragedia a la que vamos a combatir solo y solo si ponemos todo de lo nuestro TODOS. Como si fuera un equipo de fútbol. Nadie se salva solo. Y si no, seguiremos de restricción en restricción, de parate en parate, de bronca en bronca. Por mas que putiemos al gobernante de turno. Todo esto pasará hasta que un día nos demos cuenta que somos todos los responsables.